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Espacio de Escucha: Reconocimiento de la verdad de la Guardia Indígena

jueves 05 NOVIEMBRE 3:00 PM
Este encuentro virtual será un espacio de escucha de las verdades contadas directamente por líderes y miembros de las guardias indígenas. ¡Conéctese!

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CONCLUSIONES


La Guardia Indígena como defensora de la paz


En su labor de autoprotección ante la llegada de la violencia a sus territorios, diversas comunidades indígenas de Colombia compartieron sus testimonios en ‘Espacios de escucha: reconocimiento de la verdad de la Guardia Indígena’. Conozca su valiente y aleccionadora historia.


Según los registros de la Unidad para las Víctimas, hasta septiembre de 2020 en Colombia, 304.886 indígenas han sido afectados por el conflicto armado y han padecido 137 masacres en sus territorios, en las cuales 716 líderes indígenas han sido víctimas. A su vez, 17 corredores de conflicto armado se encuentran ubicados en sus territorios ancestrales.


En 2001, la Guardia Nacional Indígena se visibiliza en el país como respuesta de los pueblos y las organizaciones frente a la agudización del conflicto armado en sus territorios. Con 65.000 miembros en 29 departamentos, de los cuales forman parte ticunas, pijaos, wayuu, emberas, nasas, entre otras comunidades, su estructura es de carácter cívico, humanitario y de convivencia, no solo para la defensa de sus miembros sino también del medio ambiente.


Alberto Achito, autoridad indígena emberá, explicó en este Espacio de Escucha algunas razones por las cuales sus guardias son atacados: “Los grupos armados están en contra de que exista la guardia porque, de una u otra forma, les impide cometer muchos abusos y que se apropien de los territorios. Los guardias son los primeros que tienen que dar la cara para que un miembro de la comunidad no sea asesinado o torturado y, a veces, les corresponde ir a rescatarlos”.


Buscan que no haya maltrato ni abuso de parte de ningún grupo armado, ya sea legal o ilegal, y que se respeten los derechos a la libre expresión, a la movilización y a la protesta por las reivindicaciones.






Un elemento muy significativo en su comunidad es el bastón, símbolo de vida y de resistencia que los identifica como guardianes de protección de la Madre Tierra. Sus colores son los mismos de sus banderas, verde y rojo, que representan la naturaleza y la fuerza espiritual de la sangre que han derramado sus hermanos.


La Guardia Indígena no solamente está presente en los territorios donde viven las comunidades rurales, también forma parte de las instituciones del Gobierno Nacional y del control social. Uno de sus representantes en la capital del país es Luis Pechené, guardia indígena del pueblo nasa.


Nuestras familias y comunidades se han visto afectadas, porque tanto la fuerza pública como los grupos armados nos acusan de apoyar al bando contrario, pero eso no es cierto. Lo que ha sucedido es que muchos inocentes han caído en la lucha entre ellos”, asegura.


Pechené también hizo énfasis en el daño espiritual, psicológico, emocional y de estructura de gobierno y principios colectivos que genera el desplazamiento. “Lo más grave es que hay una afectación integral, porque todos somos parte de la Madre Tierra, y la Guardia Indígena debe cuidar la integralidad entre la relación hombre y Madre Naturaleza”, puntualizó.


Algunas peticiones de las comunidades indígenas al Estado consisten en que haya una verdadera autonomía en el manejo de sus recursos y el medio ambiente, así como en el control social, económico y político de su estructura organizativa.


También exigen la preservación de las reservas naturales, más tierra para que sus miembros no se vayan a las ciudades y no se rompa la armonía y el equilibrio en la comunidad, respuestas a las necesidades de vivienda, salud y economía y la asignación de presupuestos para la ejecución de proyectos. “Se habla de cultivos ilícitos en algunas comunidades. Que el Gobierno no lo haga con represión, sino que haya garantías en nuevas proyecciones”, recalcó Pechené.


Marta Ruiz, comisionada de la verdad, destacó los aprendizajes a partir de los procesos de resistencia y convivencia por parte de los pueblos indígenas. “La fuerza de la guardia radica en su acción colectiva. La principal lección que nos enseñó es que el territorio es de todos. También nos dio una noción de qué es la justicia, la protección y la defensa del territorio como bien colectivo que integra la vida”.


Otro aspecto que exaltó es el valor de la acción disuasiva de la guardia frente a la violencia, el atropello y la arbitrariedad. “Disuadir la violencia es el primer paso que una sociedad civilizada debe dar, en vez de castigar o enfrentarse”, aseguró Ruiz.


Igualmente, valoró la protección mutua: “No son unos cuantos protegiendo a unos cuantos, ni todos protegiendo a unos cuantos. Su filosofía es ‘todos nos protegemos a todos’. Esto demuestra que la fortaleza no viene de las armas, sino desde el sentido colectivo”.


La neutralidad de la guardia también se debe reconocer, porque a lo largo del conflicto ha demostrado que no tiene preferencia ni de un lado ni del otro, y que no transa sus leyes ni sus normas.


Finalmente, la Comisionada le solicitó a la Guardia Indígena que le enseñe al país cómo manejar conflictos sin violencia y a terminar una guerra mediante la enseñanza de cómo dialogar para la construcción de acuerdos que puedan conducir a la paz.


Organizaron la Comisión de la Verdad en alianza con Foros Semana, con el auspicio de la Unión Europea.


jueves 05 NOVIEMBRE 3:00 PM